A principios de junio nos contactaron porque habían encontrado a un gazapo silvestre en la puerta de una casa, sin rastro de la mamá ni hermanos. Estaba lejos del campo, era una urbanización con depredadores y riego de atropello. Probablemente había sido cazado por un perro o gato y lo habría llevado hasta allí. O metido en el motor de un coche.
Se ha ido a vivir con Oliver, el otro gazapo silvestre, al santuario de animales donde hay más conejos silvestres rescatados, también vamos a costear todos los gastos de vacunas, desparasitación, prueba del encephalitozoon y esterilización. Además, somos sus madrinas.